Una ventana hacia la eternidad (2016)

Hay episodios de nuestra historia que a veces pasan desapercibidos, personajes que no se recuerdan, y sucesos que acaban por transformarse en leyendas urbanas. La historia que hemos representado en este cortometraje reúne todas esas condiciones, y se trata de la historia del Cónsul alemán en Cartagena, Heinrich Karl Fricke, en torno a principios de la década de los 40 del pasado siglo XX.

Según han demostrado los cronistas Francisco José Franco y Luis Miguel Pérez Adán, Karl Fricke llegó a Cartagena en 1916 donde estableció no solo una importante y beneficiosa red de negocios, sino también de espionaje de la flota británica que en la ciudad fondeaba durante los años que duró la Gran Guerra. Al finalizar el conflicto, fue nombrado cónsul de la ciudad portuaria, alcanzando durante los años veinte una elevada fama entre la sociedad cartagenera por la prosperidad de sus negocios y su capacidad de relacionarse con los círculos intelectuales y elitistas de Cartagena. Desde el consulado, que estableció en el número 33 de la muralla del mar, nuestro protagonista continuó observando los movimientos del puerto en una labor que se incrementó primero durante los primeros meses de la Guerra Civil, hasta que fue detectado y expulsado del país, y después a su regreso en 1939. Estos años que siguieron al triunfo de los sublevados, supusieron la etapa de mayor poder de Karl Fricke en la economía local, y un momento de orgullo y expresión de su ideología nacionalista alemana.

Co-Director, producción y montaje del cortometraje.

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