Hoy es:

Me siento:

Pensativo, Cariñoso

Es un día:

Soleado, Caluroso

Esta entrada es diferente. Es especial. Porque en todo este tiempo que no he escrito ha pasado algo muy importante, algo que todavía me cuesta asimilar, y es que falleció mi tía Marisol.

Fue un palo muy grande. A mi prima Alba le pilló en Madrid, estaba con su amiga Candela, iban a ver un concierto, vinieron a mi oficina… y justo ese día, o esa noche más bien, mi tía se quedó dormida y ya no se despertó. Así, de golpe. Sin avisar. Siempre pensábamos que podría pasarle algo, que algún día enfermaría, pero nunca imaginamos que se iría así, tan de repente. Fue un shock. Nadie se lo esperaba.

Tuve que bajarme corriendo a Cartagena con Alba y Candela. Pero antes tenía que terminar un pedido muy grande de cristal falso. No podía dejarlo a medias. Andrés estuvo conmigo todo el rato, ayudándome a embalar, a cerrar el envío. Yo mientras tanto, haciendo copas, intentando no romper ninguna, con los ojos llenos de lágrimas. Llorando sin parar. Fue un momento muy duro. Muy traumático, si lo pienso bien. Y ya hace casi un año. Y aún así, parece que fue ayer.

Visitar la casa de Marisol, verla vacía… fue horrible. Ver cómo se tenía que desmontar todo, cómo esa casa que había sido parte de mi infancia se iba. Se vendió. Ya no está. Ahora tiene otra dueña. Pero me quedé con fotos, con recuerdos. Fotos de esa casa vacía que para mí tienen mucho valor. Me ayudan a no olvidar. A que todo lo que viví allí no desaparezca del todo.

Tuve la suerte de hablar con ella por teléfono antes. Me dijo que me iba a invitar a una comida por su cumpleaños. Y tres días después de su cumple, falleció. No pude despedirme de ella. Y siento que me faltó esa conversación final. Ese cierre. Pero esa llamada, en la que la felicité, me dejó una sensación rara. Como que no estaba del todo bien. Como si estuviera de bajón. Y yo quiero pensar que, quizá, ella ya sentía que su momento estaba llegando.

Esta entrada va para ella. Porque a pesar de todo, fue una persona muy especial en la familia. Nos hemos querido mucho. Nos hemos hecho nuestras gracias, nuestras putadillas también, pero siempre con cariño. Con confianza. Y con esa complicidad que solo se da cuando has crecido juntos.

Me he criado con ella. Con mi bisabuela Mariana también. Veraneábamos todos juntos. Yo comía en casa de Marisol casi todos los días, iba al cole desde allí. Esos recuerdos están muy vivos en mí. Son parte de lo que soy. Y por eso, duele tanto.

Esto se lo conté también a Ana, mi psicóloga. Trabajamos este tema en terapia. Y aunque es un episodio cerrado, de vez en cuando vuelve a aparecer en la cabeza. Porque la gente que queremos, aunque se vaya, sigue ahí. Y no hay día en que no lo sienta así.

Me despido, hasta mañana. Iván.

Cosas que cambiaría hoy: No cambiaría nada del día de hoy.

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